UNA BREVE HISTORIA DE RUANDA
La historia de Ruanda es larga y compleja, pero como sucede con muchos países africanos, no queda constancia de gran parte de ella. Ruanda ni siquiera existía como una entidad firme antes de finales de 1800; hasta entonces la zona era una conglomeración poco definida de dos grupos étnicos principales: los hutu y los tutsi.
El pueblo tutsi estaba formado por terratenientes y ganaderos ricos que llegaron a la zona que hoy conocemos como Ruanda en el siglo catorce o quince. El pueblo hutu ya vivía allí y de hecho superaba en número a los tutsi, pero la minoría tutsi consiguió gradualmente subyugar a los hutu hasta que finalmente acabaron imponiéndoles un sistema de monarquía feudal. Esta división étnica originó pocas tensiones durante varios cientos de años.
Los primeros occidentales llegaron a Ruanda en 1894 y hacia 1899, los alemanes convirtieron a Ruanda en parte de la colonia del Africa Oriental Alemán, sin que las tribus autóctonas opusieran resistencia. Durante la Primera Guerra Mundial, el ejército belga, establecido en la vecina Zaire (la actual República Democrática del Congo), conquistó Ruanda. Después de la guerra, el territorio de Ruanda-Urundi (las actuales Ruanda y Burundi) pasaron al control de Bélgica con la sanción de la Liga de las Naciones.
Para gobernar en su nuevo territorio, las autoridades belgas utilizaron su favoritismo hacia la monarquía tutsi existente para controlar a la población, exacerbando así las diferencias institucionalizadas entre los grupos étnicos. El dominio belga y la enorme preferencia por los tutsi –que a menudo empujaban a los hutu al margen de la sociedad – crearon tensiones gigantescas en el país, que se recrudecieron después de la Segunda Guerra Mundial. En la década de 1950, los belgas iniciaron reformas para corregir los problemas y establecer un gobierno democrático, pero los tutsi conservadores se resistieron. Los belgas entonces recurrieron a sus antiguos aliados y alentaron la rebelión hutu que acabaría por desbancar del poder a los tutsi en 1959. Se celebraron elecciones que condujeron a una mayoría hutu y a la independencia de Bélgica en 1962.
Tras la independencia, la incompetencia y la corrupción se generalizaron en el país. El general de división, Juvenal Habyarimana de la etnia hutu, organizó un golpe de estado en 1973 y asumió el control del país erigiéndose dictador y prohibiendo todas las actividades políticas salvo la de su propio partido. Habyarimana gobernó el país con mano de hierro hasta que accedió, por fin, debido a la presión de la ONU, a reformar Ruanda en 1990. Al mismo tiempo, un grupo formado en su mayoría por exiliados tutsi ruandeses creó el Frente Patriótico Ruandés (FPR) e invadió Ruanda desde Uganda, dando comienzo a una guerra civil. Las negociaciones de paz cristalizaron en los acuerdos de Arusha en 1994, que prometían reformas democráticas.
Cuando regresaban de firmar los acuerdos, el 6 de abril de 1994, el general de división Habyarimana y el presidente de Burundi fueron asesinados por miembros de su propio partido que derribaron el avión en que viajaban, y posteriormente se culpó los tutsi de las muertes. Esa misma noche, dio comienzo una ejecución planeada de antemano de oficiales tutsi de alto rango y hutus moderados. En los tres días siguientes, se ejecutó sistemáticamente cualquier tutsi o hutu moderado que ocupara un cargo en el poder, y la violencia no cesó ahí. Bandas errantes de una milicia hutu organizada conocida como las “Interahamwe” recorrían el país. Las matanzas se extendieron a todos los rincones de Ruanda durante los tres meses siguientes sin que nada lo impidiera. A pesar de que la Cruz Roja estimaba que cientos de miles de personas estaban muriendo asesinadas, sobre todo a golpe de machete, la ONU redujo sus fuerzas de paz de 2.500 a 270 soldados. El FPR acabó por invadir el país desde Uganda, imponiéndose y terminando con el genocidio en julio de 1994. La mayoría de los hutu extremistas huyeron a Zaire.
Durante el genocidio perecieron cerca de un millón de personas y más de tres millones huyeron a otros países, dando lugar al mayor desplazamiento de refugiados del mundo. Solo entonces respondió occidente, lanzando la campaña de ayuda humanitaria más grande de la historia, que acabaría finalmente dos años después en marzo de 1996. Poco después de eso, estalló la guerra en varios países vecinos, lo que provocó un regreso a Ruanda de la mayoría de los refugiados en 1997.
Después del genocidio se formó un gobierno de unidad y en 2000, Paul Kagame, antiguo líder del FPR, fue nombrado presidente para el periodo de transición. Posteriormente, Kagame saldría elegido presidente en las primeras elecciones oficiales del país en 2003. Las Naciones Unidas ha establecido el Tribunal Penal Internacional para Ruanda para juzgar a altos cargos de la administración hutu por crímenes contra la humanidad, mientras los gobiernos locales han recurrido a los consejos tribales llamados gacaca, para sancionar a las 80.000 personas que se estima estuvieron implicadas en el genocidio.
Hacia 2003, se aplicaron en Ruanda reformas y programas educativos con objeto de eliminar cualquier referencia al origen étnico; los términos “hutu” y “tutsi” se han prohibido, así como cualquier “comportamiento divisivo.” También la Fundación de Supervivientes Ruandeses, que está subvencionada por el gobierno, recibe el 5% de los ingresos del país, que se destinan a cubrir las interminables pensiones de viudedad y orfandad. Aunque el país crece rápidamente, aun se recupera. La población sigue estando por debajo de las cifras de 1994 y el país se enfrenta a continuos problemas como la corrupción, los conflictos con naciones vecinas (incluida una larga guerra con la República Democrática del Congo), y uno de los índices de pobreza más altos del Africa subsaharian.
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