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- ¿Qué te pareció el guión la primera vez que lo leíste?
Sentí que estaba leyendo un cómic más y me gustó mucho. Me pareció una historia muy clara que además tocaba un tema de actualidad y de interés mundial. Me pareció que era un guión más centrado en las historias de Ibáñez. Hay muchas escenas que son fácilmente reconocibles en los tebeos y son prácticamente un calco de las viñetas.

- ¿Qué tal ha ido el rodaje? Cuéntanos lo mejor y lo peor.
Lo mejor ha sido que cada día ha sido una sorpresa, ha sido una fiesta. Siempre había buen humor y tanto a Edu como a mi se nos daba la posibilidad de jugar, y de darle a las secuencias un tono muy nuestro, sin olvidarnos nunca de los personajes, pero siempre desde Eduardo y desde Pepe. Hemos tenido la posibilidad de crear muchas cosas porque se nos ha dado mucha libertad. Y lo peor, que ha sido muy cansado y muy largo. Es un rodaje con muchas complicaciones técnicas y con algunos planos muy áridos en los que tienes que estar muy pendiente de lo que después será la post-producción. Al final hemos terminado todos muy cansados. Contentos, pero cansados.
- ¿Nos puedes contar alguna anécdota?
Cuando me colgaron de la grúa de 20 metros. No es que tenga especial amor al riesgo pero me gusta experimentar y ponerme al servicio de la película. Además a Miguel le era más sencillo que yo realizara el plano, así que, lo hice yo. Lo cierto es que quizá pasé más miedo antes de hacerlo que en el momento en el que lo estaba haciendo. Porque, aunque me sentía totalmente vulnerable, estaba en manos del equipo de especialistas que me explicaba todo lo que debía hacer. Tuve que hacer un magnífico ejercicio de confianza porque de ellos dependía todo, hasta mi vida. Fue una experiencia muy bonita.
- ¿Cómo ha sido trabajar a las órdenes de Miguel Bardem?
Muy bien. Miguel es una persona que te posibilita que tú aportes continuamente cosas. Y no solamente te lo posibilita sino que te lo exige. Las secuencias no están nunca cerradas. Siempre que se te ocurre una idea el está abierto a que se la digas y, si encaja con las posibilidades técnicas, te permite incluirla. Ha sido muy cómodo y lo mejor que se puede decir es que me gustaría seguir trabajado con él, que ésta no fuera la última vez.
- ¿Cómo ha sido tu relación con Eduard Soto durante el rodaje?
Con Eduardo hubo un flechazo muy positivo desde el primer día. Lo que puedo decir de él es que, a parte de un compañero de trabajo excepcional, he encontrado un amigo. He encontrado una persona con la que me he comunicado muy bien, tanto profesionalmente como humanamente, y estoy seguro de que vamos a seguir manteniendo muy buena relación de por vida. Ha sido un encuentro muy grato.
- ¿Qué destacarías como actor de Eduard Soto?
Es una persona muy camaleónica, con muchos registros. Tiene una capacidad enorme para interpretar personajes distintos. Es muy creativo, un torbellino de ocurrencias. Es muy fácil trabajar con él, incluso diría que hace tu trabajo porque está dándote tantas cosas que sólo tienes que ponerte al servicio de lo que te está ofreciendo.
- Te han pegado mucho en esta película… ¿Los guionistas te tienen manía, o es cosa de Ibáñez?
De Ibáñez claro. Si vas al tebeo te das cuenta de que los dos personajes están cobrando viñeta sí y viñeta también, y generalmente es Filemón el más proclive a ello. Se las lleva todas. Algo que creo que está muy bien porque de alguna manera, él representa dentro de la pareja el arrogante, el presumido, el que se cree más listo. Esta bien que los jefes se lleven las tortas, aunque sea en la ficción. A parte, a mi me gusta mucho recibir golpes. Yo siempre he envidiado a los dibujos animados que pueden hacer cualquier cosa. Entonces, no es que yo haya intervenido en los guionistas para decirles que metieran más porrazos, sino que ellos, sabiendo que lo iba ha hacer yo, decidieron poner todos estos golpes que para mi son regalos.
- ¿Cómo es Filemón?
Filemón es un perdedor, pero con una capacidad de recuperación increíble. Quizá no sea capaz de darse cuenta de sus limitaciones, o no quiera hacerlo, y precisamente eso es lo que le hace encantador. Se cree guapísimo, inteligente, sagaz y capaz de cualquier hazaña, pero es torpe, feo y no da una. En el fondo es un payaso y por eso llega tanto a la gente. Pero lo bueno de Filemón es que sabe convivir con el fracaso y no se rinde nunca. Siempre pasa al siguiente problema con las mismas ganas con las que empezó la mañana, con una capacidad para sobreponerse que ya quisiéramos nosotros.
Interpretar a Filemón ha sido cumplir un sueño que nunca tuve porque jamás se me ocurrió que pudiese llegar a hacerlo algún día. Me siento muy afortunado.
- De manera breve, véndenos la peli.
Esta película hay que verla, porque, quien ha visto la primera, sabe que merece la pena, pero quien no haya visto la primera, creo que va encontrar algo todavía mejor. Sabíamos que teníamos el listón muy alto y que teníamos que llegar, por lo menos hasta ahí. Es una película llena de ganas de gustar. Empezando por el propio Ibáñez que está contento, y terminando por el último mono, que soy yo, hemos puesto todo nuestro entusiasmo y profesionalidad. Sólo falta que los espectadores nos den ánimo para que pueda hacerse una tercera, y que se sigua llevando muy alta la bandera del cine español.
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